domingo, 4 de septiembre de 2022

Pintas contra el Plebiscito Constitucional y por campaña internacional para la aparición del Dr. Ernesto Sernas (México)

Nos llega el siguiente registro:

“En la región del Maule, un destacamento revolucionario accionó en sectores rurales el mismo día del Plebiscito Constitucional para propagar con pintas las consignas Plebiscito y Elecciones NO, Revolución Agraria SÍ

Contra la Farsa plebiscitaria:






Además, con espíritu internacionalista proletario, acogidos al llamado de compañeros en México que exigen desde 4 años la aparición del abogado revolucionario Dr. Ernesto Arenas García, se realizó un acción en su nombre:








sábado, 3 de septiembre de 2022

Contra la farsa plebiscitaria y contra las alzas: impulsar y desarrollar la protesta popular

¡Proletarios de todos los países, uníos!

Contra la farsa plebiscitaria y contra las alzas: impulsar y desarrollar la protesta popular

La crisis económica internacional ha vuelto a agudizarse este año. No hay recuperación sustancial respecto de la crisis de 2008 cuando ya se iniciaba otra el 2018. Hoy ya se habla de recesión en EEUU, también en Europa, contracción y recesión en China, al igual que en Japón. La escalada alcista de los precios a nivel mundial no muestra signos de detenerse; se responsabiliza de esto a la guerra rusa de agresión a Ucrania. Sin embargo, no son más que manifestaciones del mayor monopolismo, parasitismo, descomposición y agonía del imperialismo, todo esto genera agudización de las contradicciones interimperialistas, colusiones y pugnas por un nuevo reparto del mundo, y por supuesto guerras, guerras de todo tipo en las cuales terminará por hundirse. Cada imperialismo lucha por una mayor tajada del territorio económico del mundo. Indudablemente también provoca un recrudecimiento de la contradicción principal entre naciones oprimidas e imperialismo. Todo esto se acompaña de una galopante reaccionarización y militarización de la situación. Que duda cabe: ¡Vivimos en tiempos de guerra!

En este escenario mundial es que sobre las masas de las naciones oprimidas en primer lugar y también sobre los pueblos de los países imperialistas recae como siempre y de forma aguda el peso de las crisis económicas. La inflación, en este sentido, no es más que el traspaso de recursos de una parte de la población (inmensamente mayoritaria) a otra (minúscula); es el robo descarado a las clases trabajadoras a través del alza impúdica de los precios de los bienes fundamentales para su subsistencia. De esta forma fluye la sangre de la clase obrera, del campesinado pobre, a través de las principales arterias de la economía nacional a las sanguijuelas imperialistas y criollas para sostener sus déficits, mantener su ingente acumulación de capitales y sus guerras de agresión. Al mismo tiempo este proceso de concentración y centralización de capitales, fruto del trabajo y la riqueza de naciones oprimidas y pueblos, exhibe en su contracara un mayor empobrecimiento de las masas populares, cesantía, hambre y un largo listado de lacras sociales.

Las condiciones revolucionarias están plenamente maduras. Desde los 80 vivimos la ofensiva estratégica de la revolución proletaria mundial. En respuesta a ello, el imperialismo ha desenvuelto una ofensiva contrarrevolucionaria general que al presente se debilita día tras día y que al contrario ha venido generando creciente y combativa rebelión en las masas populares de todo el mundo. Esta violencia de masas se ha plasmado en sendas guerras populares, luchas armadas y levantamientos populares. Es más, en los últimos años no se han detenido las protestas populares, ni en intensidad, ni en cantidad, ni en extensión. Esta es una de las características de la situación internacional de los últimos cuatro años. Grandes protestas en Brasil, Ecuador, Colombia, Panamá, Guatemala, Haití, Bolivia, Colombia, Argentina, Perú, Venezuela, Nicaragua, etc., solo por mencionar a América Latina, pero son grandes sucesos que también se están viviendo en el resto del mundo. Sin embargo, cabe resaltar que Latinoamerica se ha transformado en el eslabón débil de la cadena de dominación imperialista mundial, las masas campesinas han sido un protagonista de primera línea en toda esta rebelión que enciende la llama de nuevas guerras populares.

Chile no ha estado ajeno a este gran proceso que vive el continente y el mundo. La crisis económica y la recesión que viven el país es también una expresión de la crisis general que vive el capitalismo burocrático, una clara señal del hundimiento de la vieja sociedad, pero que no caerá por si misma, antes más, solo con los golpes revolucionarios del pueblo armado podremos enterrar lo viejo y construir lo nuevo, la nueva sociedad.

Las clases dominantes no son monolíticas, tienen contradicciones internas, fracciones y múltiples fracturas. Bajo el espureo regimen representativo vigente, buscan articular un así llamado “sistema político”, con derecha, centro e “izquierda”, fuera del cual es inadmisible otra fuerza política que no se integre finalmente a sus reglas del juego, a esto llaman democracia. Con distintas caretas y banderas y falsas banderas pretenden acarrear detras de si al pueblo hacia ese podrido “sistema”, ofertándolo como el único posible hoy, dentro del cual inclusive, afirman, es posible hacer cambios, incluso hasta cambios “revolucionarios” y de la propia constitución política. Esta es su patraña. Es la hoja de parra con que buscan encubrir sus verdaderos intereses de clase, es la hoja de parra con que buscan cubrir su verdadera naturaleza política, la de ser una dictadura conjunta de grandes burgueses y terratenientes al servicio del imperialismo principalmente yanqui, dictadura sobre el pueblo. Por lo tanto son intereses distintos y opuestos a los del proletariado y del conjunto de las masas populares. Destacar al imperialismo yanqui, bajo ningún argumento excluye el papel que juegan también en nuestro país los imperialismos chino y ruso, los imperialismos alemán, francés o inglés. Todos estos en pugna y colusión por explotarnos y oprimirnos. A todo este puñado de países parásitos debemos combatir, siendo el imperialismo yanqui, insistimos, el mayor enemigo de los pueblos del mundo.

No debemos permitir que la lucha del pueblo sea sujetada a ninguno de estos podridos intereses. Los revolucionarios, el movimiento obrero y popular, la heroica lucha del pueblo mapuche, no pueden colocarse a la cola de ningún sector o facción de las clases dominantes ni del imperialismo, ni sujetarse a ningún bastón de mando, hacerlo significa poner de rodillas al movimiento popular y prolongar los sufrimientos del pueblo, significa frenar la lucha de clases que se agudiza de día en día. Tampoco obviamente subordinarse a ninguna facción de las clases dominantes criollas.

La lucha de clases en nuestro país se viene desarrollando auspiciosamente. Ante este panorama extraordinario y luminoso las clases reaccionarias tiemblan y corren en desbande a ofrecer todo tipo de patrañas electoreras y constituyentes, para salvar su podrido régimen de opresión y explotación y para desviar al proletariado y al pueblo de su verdadero camino democrático, camino que solo se puede recorrer con Guerra Popular. Guerra de todo el pueblo contra sus enemigos.

Hace casi tres años, en noviembre de 2019, se firmó entre los principales representantes de las distintas fracciones de las clases dominantes el “Acuerdo por la paz social y la nueva constitución” a partir de ese acuerdo se esbozó un cronograma electoral que sentaba bases para iniciar una nueva reestructuración del viejo Estado. Esto como una importante medida para contener la creciente protesta popular iniciada en octubre, pero también y fundamentalmente para hacer frente a la lucha armada que viene desenvolviendo el campesinado pobre mapuche.

También, y casi desapercibida, en diciembre de 2019 un sector de la fracción compradora de la gran burguesía con Bernardo Larraín Matte a la cabeza (representante del clan Matte) ha impulsado una propuesta de creación de un “Consejo Económico y Social” para la corporativización de la sociedad, plan reaccionario presentado como “Un camino posible”. Este Consejo promueve la participación de cacasenos, intelectuales mercenarios, académicos rastreros, “empresarios” y “trabajadores”, es la vieja ilusión del siglo XX de esta fracción. Su tarea fundamental es conjurar la revolución.

En pocos días más, el 4 de septiembre se llevará a cabo el llamado plebiscito de salida para la aprobación o rechazo del proyecto de nueva constitución. Con ello se sigue, a punta de estados de emergencia, creciente militarización y represión, con el cronograma contrainsurgente al servicio del cumplimiento de las tres tareas contrarrevolucionarias que impulsa la reacción.

Existe consenso en las clases dominantes en la necesidad de reestructurar el Estado, mas difieren un poco en la forma de esta reestructuración; sin embargo en las distintas propuestas aparecen rasgos fascistas y corporativistas. Y es que temen que el ejemplo de la lucha mapuche migre hacia el resto del campo en el país, temen esto porque la dura situación de cientos de miles de temporeros sometidos a salarios de hambre y miseria (no obstante su gran aporte al PIB), que la crítica situación del campesinado pobre (sin tierra o con poca tierra), prenda como una chispa en la seca pradera. Los terratenientes bajo amenaza o bien haciendo vacuas promesas, buscan arrastrar a estas masas pobres del campo a votar. Pero muchos terratenientes no tienen nada que temer del proyecto de nueva constitución, la propiedad privada se mantiene prácticamente inalterada chocando con el anhelo de las masas populares del campo a la tierra para quien la trabaja.

Es claro que las distintas fracciones de las clases dominantes buscan cabalgar sobre el anhelo de cambios profundos que hay detrás de muchos que creen que estos se pueden producir mediante el cambio de la constitución. El oportunismo (entre ellos los revisionistas) y la reacción buscan traficar con esto. También, parte importante de la fracción burocrática de la gran burguesía y sus representantes (socialcorporativistas o demoliberales de “izquierda”) busca movilizar a la intelectualidad y pequeña burguesía principalmente urbana en una extensa campaña de dos millones de puerta a puerta. Hay anhelos de cambios verdaderos puesto por sectores de las masas en el proyecto de nueva constitución, pero no son más que ilusiones. La defensa de la propiedad privada ha estado en todas las constituciones que se ha dado el país y no es una excepción en este proyecto que se votará. Esta defensa se traduce en último término en la defensa de la gran propiedad, por lo tanto, los factores que dislocan, distorsionan e impiden el desarrollo de la economía nacional no se eliminarán. Al final todo camina hacia una mayor agudización de la lucha de clases, dicho de otra forma: la verdadera polarización hacia la que se dirige la sociedad. Ninguna constitución redactada al alero del viejo Estado representará los anhelos del pueblo, porque no son conciliables los intereses y propiedad de grandes burgueses, grandes terratenientes y del imperialismo con los intereses del pueblo.

Por otra parte, esta es la primera elección con inscripción automática y voto obligatorio. Evidencia de la desesperación de esas clases. La verdadera contradicción o verdadera polarización busca ser eclipsada con la falsa contradicción o falsa polarización utilizando incluso la confrontación de masas contra masas. En último término el apruebo o rechazo esconde contradicciones entre diferentes sectores de las clases dominantes en como desenvolver las tareas contrarrevolucionarias. El voto obligatorio no es más que un acto desesperado para estucar cimientos podridos.

Ante esta situación, se abre impetuoso el camino del pueblo y es necesario que comunistas y revolucionarios definan claramente su posición, pues de ello dependerá su orientación y quehacer político en los próximos años.

El camino democrático del pueblo, el camino revolucionario nos llama a ir a vivir, luchar y producir entre las masas pobres del campo y la ciudad, ir a ellas a forjar su militancia revolucionaria en esta hora, ir a ellas a construir las formas más altas de organización y de lucha siguiendo el camino de Recabarren, de la siembra roja y reconstituir el Partido del gran jefe proletario, reconstituirlo como Partido Comunista militarizado bajo la guía de las afiladas lanzas del marxismo-leninismo-maoísmo, principalmente maoísmo y los aportes de validez universal del Presidente Gonzalo.


¡Boicot a la farsa electoral!

¡Ni apruebo ni rechazo! ¡Abajo la farsa electora!

¡No votar, luchar contra las alzas!

¡No votar ni anular a la calle a protestar!

¡Contra las ilusiones constitucionales, contra la farsa plebiscitaria, contra las alzas: impulsar y desarrollar la protesta popular!








jueves, 28 de julio de 2022

Hualañé y lucha de clases: Nuevo folleto

Contenido del folleto elaborado en conjunto con “Ediciones LEFTRARU” 


Concentración política en la punta de diamante del pueblo. Sin fecha


Origen histórico

La comuna de Hualañé tiene varias teorías de origen, siendo la más completa que partió como pequeña aldea de pueblos nativos, los que vivían con escaso desarrollo agrario. Probablemente fueron Mapuche en coexistencia con “Mitimaes” del Imperio Inca quienes fundarían el pueblo de “Gonza” a orillas del río Mataquito, en lo que hoy es “La Huerta”. 

Importante es la presencia del cerro Chiripilko (o Chilipirko) ubicado en los alrededores de La Huerta, donde se descubre un cementerio Mapuche a las faldas del cerro. Su tradición funeraria consistía en colocar los muertos apropiadamente envueltos, tendidos sobre un sitio especial, tapados con tierra y piedras para formar un montículo. Se presume que en este cementerio estarían los restos de uno de los toki (jefe militar) más conocidos del pueblo Mapuche. Nos referimos a Leftraru -llamado Lautaro por los españoles-el que habría caído en combate en el Chiripilko, teoría aún en revisión de comprobación.

Tras la invasión española, la guerra de ocupación y la instauración del sistema feudal agonizante en Chile, la aldea de Gonza es conquistada y entregada como merced de tierra a Martín Muñóz, Gobernador Español. Mientras en lo que hoy es el pueblo de Hualañé, se establecería una estancia en 1618 a manos de Garcés Torres la que fue llamada “Gualagne”.

Se dice que durante el proceso de “independencia” de Chile se habría ocultado en el sector Manuel Rodríguez, y que Bernardo O’Higgins habría acudido a esta parte de la provincia de Curicó para equipar su expedición hacia el Perú. De la zona se le habría enviado madera de coligue y pieles de vacunos.

Las relaciones feudales se mantuvieron a pesar de que las promesas de los independentistas, lo que en Hualañé se materializó constituyéndose en una gran estancia de propiedad de Rodolfo Garcés Gana, siendo la casa patronal lo que hoy es el Hospital y las caballerizas y corrales son hoy lo que conocemos como la Plaza de Armas.

Condiciones de vida de los campesinos de Hualañé

A principios del siglo XX la zona centro-sur de Chile se constituiría en propiedades agrícolas que estaban en manos de los Hacendados, que eran los patrones y dueños de haciendas de campo, también conocidos como “Terratenientes” o “Latifundistas”. Y quiénes trabajan sus tierras son los campesinos, ya sean Inquilinos, peones, labradores o afuerinos. Múltiples relatos evidencian que el trato de los patrones hacia los campesinos era abusivo, sin preocuparse de las condiciones y calidad de vida de los trabajadores.

Por ejemplo, el pago por trabajar la tierra consistía a veces en 2 panes grandes conocidos como “galletas”, un poco de porotos, papas, tomates y muy poco dinero. Para alimentarse, los campesinos recurrían a ollas comunes, donde solidariamente cada persona echaba algún ingrediente a la olla y así el alimento se hacía más contundente, alcanzando las raciones para varias personas.

Las casas de los campesinos eran extremadamente rústicas, hechas de paja y barro. Los más pobres sólo podían hacerlas de paja, desde los muros hasta los techos. En 1913, cuando se inaugura el ferrocarril, había sólo 5 casas de adobe y todo el resto eran de coligüe y paja según documentos históricos.

La higiene era problemática, pues la mayoría de los campesinos no contaba con agua potable. Para bañarse había que acudir al río o juntar agua de vertientes en baldes.

La vestimenta era escasa. Por ejemplo, las familias campesinas no tenían posibilidad de adquirir zapatos, así que usaban “ojotas”. Incluso los niños que a veces debían caminar descalzos y se veían en la obligación de ayudar a sus padres trabajando en el campo a muy temprana edad.

No había acceso a electricidad, por lo que se usaban velas de cera, “chonas” (lámpara de gas) o lámparas de parafina para alumbrar en las noches.


Los Patrones

Al mismo tiempo tenemos a los “ricos”, los dueños de la mayoría de los locales comerciales del pueblo donde varios eran extranjeros.  Familias de apellidos Caria y Garau, provenientes de Italia, también otros de origen europeo como Herrero,  Becker y armenios como Zajuria son los que llegaron a Hualañé. Los relatos concuerdan que, tras establecer negocios en el pueblo, comenzaron a adquirir tierras, comprándole a la gente más pobre, muchas veces de “mala manera”, es decir, con fraudes al aprovecharse de que muchos campesinos no sabían leer ni escribir y les hacían firmar documentos de propiedad de tierras, ya sea bajo la influencia del alcohol, como también usando la extorsión y otras situaciones. Posteriormente otros grandes propietarios de tierras, tanto nacionales como extranjeros se apoderarían de los terrenos.

Los privilegios con los que gozaban los patrones eran inmensos, contando incluso con sus propias bodegas en las estaciones del ferrocarril donde acopiaban sus cosechas. También contaban con sus propios carros para transportar productos como maíz, trigo y porotos,  con destino a Curicó, Santiago u otros lugares del país.

Estos privilegios les permitían ejercer gran poder económico y también gran poder político. Cuando la estación terminal del ferrocarril que estaba en Hualañé se trasladó a Licantén - 20 kms hacia la costa -, las bodegas se cerraron abriéndose nuevas en Licantén. Pero los espacios quedaron, y al estar tan cerca de la escuela pública de Hualañé, que era lugar de votaciones, los patrones llevaban en fila a sus inquilinos a votar por el candidato de su preferencia. Para limpiar su imagen, los patrones tras realizar el fraude electoral, daban raciones de alimento, vino o dinero para que los campesinos no protestaran. Esto era muy recurrente, donde los días de votaciones llegaban carros de carga llenos de todos los inquilinos de los fundos y haciendas cercanas. El nombre que se les daba a estos votantes controlados era el de “carneros”.

A mediados de los 70’, el tren deja de funcionar y llegan los buses, siendo la primera empresa en prestar servicios “Buses Díaz”, que viajaba desde Curicó, pasando por Hualañé, Licantén hasta las playas de Iloca y Duao. Estos buses también fueron usados preferentemente por los “ricos”. Testimonios indican que era común ver a personas como Juan Garau y Jesús Esteban Herrero viajar de paseo a los balnerarios.

La falsa Reforma Agraria en Hualañé

Después de la elección de Eduardo Frei Montalva como presidente en 1965, se inicia en Chile el plan elaborado por la “Alianza para el Progreso” liderada por el imperialismo yanqui de realizar falsas reformas agrarias con el fin de descomprimir el auge revolucionario que estaban ocurriendo desde la década de 1920 en nuestro país y toda América Latina. Las promesas de prosperidad, de respeto a los derechos de los campesinos y, lo más anhelado por éstos, ser propietarios de un pedazo de tierra rápidamente se fueron esfumando.

Muchas familias de Hualañé recuerdan que lo realizado por esta reforma agraria es la parcelación de los terrenos, donde algunos campesinos obtuvieron cierta tierra pero otros quedaron “volando”, sin nada. 

Los pocos nuevos parceleros no pudieron mantener ni hacer producir sus terrenos. Esto debido a que no contaban con el “apero” necesario, es decir, las herramientas básicas como un arado, pareja de caballos y rastra para trabajar la tierra. Esto generó que la calidad de vida de los campesinos no se viera mejorada para la mayoría, ya que seguía escaseando el trabajo y quienes conseguían empleo debían trabajar hasta “sacarse la murienta”. Por esta razón, muchos fueron los campesinos que se vieron obligados a ocupar sólo una pequeña parte de sus terrenos y la otra arrendarla, ocuparlos a medias o simplemente vender para tener dinero y poder comer.

También hubo muchos campesinos inquilinos que no se parcelaron sino que se quedaron con los patrones trabajando. Estos campesinos fueron llamados despectivamente como “amarillos”, ya que tampoco se organizaron en sindicatos.

La CORA (Corporación de Reforma Agraria) fue el organismo estatal creado para comprar las tierras a los patrones y venderla a los nuevos parceleros. En la práctica, la CORA se transformó  en un nuevo terrateniente estatal, ya que la poca tierra “expropiada” en realidad fue comprada a altos precios a los patrones. Además, los fundos “expropiados” en realidad fueron las tierras en peores condiciones para la siembra, y fueron éstas las que fueron posteriormente entregadas a los campesinos llamados “nuevos parceleros”. Los testimonios hablan que en sus inicios, algunos patrones dieron voluntariamente un cuarto de tierra, aunque la ley de la reforma agraria de 1967 dictó que se tenía que dar media cuadra, pero los dueños de los fundos siguieron dando menos.

En Hualañé se habla que las primeras tierras “expropiadas” fueron las que donaron los curas, los fundos de hermanos curas, que estaban en pésimas condiciones para trabajar.

La CORA, además, exigía a los nuevos parceleros pagar cierto porcentaje de la compra y venta de tierras pactada con los patrones. 

Usual era que la CORA pasara por encima de las organizaciones campesinas independientes. Tal fue el caso del sindicato campesino que dio origen al asentamiento de Peralillo, pequeña localidad de Hualañé, donde los socios se habían organizado para comprar tierra y formar una cooperativa, sin embargo la CORA compró el terreno reclamado y formó el asentamiento, que era más pequeño que la cooperativa, generando molestia y dificultades entre los miembros del sindicato.

Experiencias de organización y lucha campesina

El movimiento campesino en Chile venía incrementándose desde la década de los 20’, y Hualañé la excepción. Por eso, en nuestra comuna, se peleó primero para que legalmente se reconociera a los sindicatos de menos de 20 trabajadores, ya que la realidad local mostraba que en los fundos solía haber entre 6 a 7 personas. 

Existió presencia de diversos grupos y organizaciones campesinas como el Movimiento Campesino Independiente (MCI), el que se conforma por una gran cantidad de delegados del Instituto de Educación Rural (IER) en 1964. Esta organización, si bien no logró tener una caracterización correcta de la base económica de nuestro país, sirvió hasta cierto punto para luchar por demandas muy sentidas por los campesinos como mejores salarios, condiciones de trabajo adecuadas y obtención de pedazos de tierras.

La lucha de los campesinos siempre ha sido difícil, primero enfrentándose contra siglos de humillación, ignorancia y desprecio por parte de los patrones y luego a la represión armada tanto del Estado como de los propios latifundistas. Eso hacía necesaria el uso de las protestas y acciones políticas a modo de conquistar derechos y defenderlos.

En Hualañé, generalmente las manifestaciones políticas dirigidas por sindicatos o por los grupos de izquierda consistían en grandes concentraciones en la Punta de Diamante del pueblo a las que asistía un número considerable de gente. Allí también se realizaron conmemoraciones para el 1° de Mayo, día de la clase obrera, campesina y popular. Las manifestaciones de trabajadores, tanto locales como de alrededores, terminaban con marchas a través de todo el pueblo.

Las diversas huelgas y movimientos por los derechos fueron logrando que cambiara un poco el trato hacia los campesinos por parte de los ricos, aunque el hostigamiento hacia los dirigentes sindicales era permanente. Aún así, eso no impidió que las masas se organizaran y reclamaran las justas demandas y derechos.

Por ejemplo, el sindicato del asentamiento de Peralillo logró obtener electricidad para cada casa, y no sólo para los socios sino que solidariamente conectaron a la mayoría de los vecinos cercanos. Otros objetivos como más regalías, más talaje y aumento de un cuarto de chacra eran por los que luchaban.

El testimonio de uno de sus dirigentes clarifica la importancia de obtener tierra, ya que el campesino puede “sacar más plata” a la chacra que al salario. Si el salario se aumentaba en 50 escudos, el cuarto de chacra podía producir hasta 400 escudos, con ayuda del trabajo propio y de la familia.

Incluso se levantó un pliego de peticiones elaborado en conjunto con la Federación Provincial “Camino Abierto” de Curicó donde se exigía a los patrones:

Fijar un salario mínimo para inquilinos y trabajadores especializados.

Regalías mínimas para todos los trabajadores agrícolas permanentes.

Pago al 100% por día de lluvia, reconocimiento de trabajos especializados y aumento de pago en porcentajes (como 2% o 5%) según labor.

Capacitaciones para mejorar la producción, pidiendo 6 días laborales autorizados  y solicitudes de arriendo de tierra.

Golpe de Estado de 1973 en Hualañé

Testimonios aseguran que días previos al golpe militar que impondría en el gobierno a Augusto Pinochet y su Junta Militar Fascista (JMF), rondaba por el pueblo un bus de la locomoción colectiva de Santiago que llamó la atención. Se asegura que muchos de los detenidos políticos como dirigentes sindicales, militantes de partidos políticos de izquierda entre otros fueron trasladados hacia Curicó en dicho bus.

Algunos de los detenidos fueron gravemente golpeados por los militares y agentes de la represión. Muchos estuvieron detenidos varios días en Curicó, aunque se asegura que retornaron todos al pueblo.

Tras el golpe de Estado, la vida se volvió muy complicada porque los vendedores se negaban a atender; las masas empezaron a ayudarse mutuamente con mercadería para poder comer.

La JMF prohibió los sindicatos, destruyéndolos y a sus dirigentes los persiguió. En algunos casos, como el del sindicato de campesinos de Peralillo, el gobierno de Pinochet no quería que su dirigente dejara el cargo, puesto que buscaron usarlo como puente de información para los patrones. Aunque se negara, el dirigente era hostigado por Carabineros quiénes llegaban a su casa a cualquier hora, allanando el domicilio y quitando los documentos de propiedad del asentamiento.

Muchos dirigentes tenían problema para encontrar trabajo, ya que los patrones amparados por el Estado hacían “listas negras”, donde tenían anotados los nombres de los campesinos rebeldes y no les daban empleo. Aún así, cientos de campesinos sortearon la suerte y lucharon como pudieron para salir adelante.


Actualidad

Como en toda su historia, Hualañé y sus alrededores están íntimamente ligados al campo. A pesar que existe quiénes afirman lo contrario, sigue siendo una zona principalmente agrícola, donde la base económica principal es la cosecha de frutas frescas como cerezas, arándanos, manzanas, ciruelas, frutillas, entre otras. Así también frutos secos como nueces y avellanas.

Otro factor es la cultura popular campesina, que está siempre presente en las costumbres, los “modismos”, en el ritmo de vida y las tradiciones del pueblo.

Por tanto, el sistema semi-feudal es muy evidente, donde perduran inquilinos, campesinos sin tierra y campesinos con muy poca tierra, quiénes muchas veces deben arrendar para trabajar los terrenos.

Y si de gran número se trata, son los temporeros los que llevan la delantera. Los fundos en que éstos trabajan, aunque se disfracen con la fachada de “empresas agrícolas” o exportadoras, mantienen los abusos e injusticias que hemos descrito:

No pago adecuado de salario, falta de entrega por parte del empleador de elementos de seguridad personales, la falta de agua potable en los fundos, baños en pésimas condiciones, acoso laboral y sexual, casi nula fiscalización de los transportes de traslado entre otras irregularidades fácilmente visibles. 

Otro desafío es la cesantía. Prácticamente hay 3 meses en el año en que los ingresos de los temporeros son críticos al haber muy pocos puestos de trabajo. Siendo  Junio, Julio y Agosto, los meses donde el invierno es crudo y muchas familias se sostienen con el dinero ahorrado durante los tiempos de la cosecha del verano.

La industria forestal presente en la comuna desde mediado de los 70’, llegó prometiendo múltiples puestos de trabajo, sin embargo se trató sólo de promesas ya que las propias empresas, como Celulosa Arauco - dueña de la planta Licancel -, al ser una cadena nacional, trajo su propio personal capacitado de otras partes del país para trabajar en sus faenas, por lo que pocas personas de Hualañé o Licantén pudieron encontrar empleo allí.

Los campesinos más pobres o medios que tienen alguna hijuela o unas cuantas hectáreas de tierra producen distintos vegetales, intentando competir contra los grandes fundos y empresas agrícolas. Además de cultivo de hortalizas, papas, maíz, alfalfa, sandías, brócoli y coliflor, encontramos algunos que han optado por el tabaco y trabajan con las tabacaleras. Otros producen tomates, enviando su producción a la empresa Agrozzi ubicada en Teno. En ocasiones, las empresas grandes hacen convenios con los dueños de las tierras donde se comprometen a comprar 1, 2 ó más hectáreas (según sea el caso) y así atan a los pequeños campesinos a los precios que exige el mercado a cambio de tener un comprador seguro.

Por otro lado tenemos que hoy en día los patrones siguen gozando de tremendos privilegios y de un gran poder  político y económico. 

Muchos llegan a los fundos volando en helicópteros, supervisan y humillan a los temporeros mientras se pasean en camionetas gigantes 4x4 o cuatrimotos. Tienen tratos especiales con las autoridades municipales y del Estado. Roban agua descaradamente de las napas subterráneas, de los ríos y vertientes. Niegan el acceso a las masas a lugares de uso público como playas y lagos. Cuando tienen conflictos con las comunidades, tienen pleno apoyo de Carabineros, tal cual guardias privados que cuidan con armamento sus fundos entre muchos otros ejemplos.

Todo esto muestra indudablemente que la lucha de clases aún existe. Y mientras exista opresión habrá rebelión. 

El movimiento campesino ha sufrido fuertes golpes y desorganización, pero eso no significa que no pueda renacer y fortalecerse. La semi-feudalidad es uno de los enemigos a golpear, luchando contra los patrones abusivos, así también sus agentes, funcionarios e intermediarios que sostienen al viejo Estado  y sus redes clientelares tanto en Hualañé como en todo el país. 

Quiénes son conscientes y están en contra de esta injusta sociedad dividida en clases en localidades agrarias como Hualañé debemos luchar por los derechos de los campesinos, de los temporeros, de los pequeños propietarios principalmente y  por devolver la tierra a quiénes trabajan y viven en ella. Todo esto será clave para cumplir con una de las tareas pendientes que transformen por completo todo el campo chileno, es decir, la verdadera Revolución Agraria como parte de una Revolución de Nueva Democracia que entregue los derechos y justicia para todos los pueblos que habitan Chile.

lunes, 11 de julio de 2022

La falsa Reforma Agraria y la necesidad de la Revolución Agraria en Chile.

 Avance del trabajo revolucionario de propuesta de revolución de Nueva Democracia para Chile




En la actualidad la semifeudalidad ha evolucionado en el agro tras una mayor penetración del capitalismo burocrático, que es un capitalismo atrasado, donde la poca industria existente es servil a la extracción de materias primas sin refinar y, tal como se evidencia con la minería o la exportación de frutas, van a parar a países imperialistas como EE.UU., China, Europa y otros, reafirmando nuestra condición de semicolonia. 

Esto viene provocando un cruel y prolongado despojo a los campesinos; mediante la hipoteca y la quiebra de la economía campesina, se ha producido una mayor reconcentración de la tierra en manos de grandes latifundistas. A causa de esto, miles de familias han debido emigrar a las ciudades. Los campesinos han debido soportar una serie de poderes compradores semifeudales que fijan los precios de su producción y acumulan más riqueza gracias al trabajo campesino.

El crónico e histórico problema de la tierra ha provocado una excesiva subdivisión de la pequeña propiedad campesina (minifundio), aumentando el número de campesinos pobres sin tierra o con poca tierra.

La servidumbre, basada en la gran propiedad de la tierra y en el traspaso de trabajo gratuito al latifundio prosigue de forma abierta y/o encubierta en numerosas modalidades. Ejemplo es que, en pleno 2022 aún existen inquilinos, trabajadores que viven en fundos para cuidarlos y, además, deben trabajar en las faenas agrícolas. Muchas veces a éstos sólo se les paga por el trabajo en las faenas pero no se les remunera el cuidar y hacer tareas fuera del horario laboral.

Hoy en día los terratenientes concentran gran parte de la tierra productiva del país. Este sector de las clases dominantes aparece vinculado y entrelazado por miles de hilos a la gran burguesía.

El amplio desarrollo del proletariado agrícola (temporeros) esconde detrás del salario que se les entrega, las viejas relaciones de producción que encarnan la semifeudalidad, pues ésta no ha sido radicalmente barrida por una revolución democrática. Ejemplo de ello es lo que señala en entrevista a SURMAULE Hugo Reyes, ex funcionario de la CORA durante el gobierno de Allende: 

(La lucha del campesinado) “Sigue siendo casi la misma, sólo que hoy tiene otros nombres. Han disfrazado la explotación del campesino con la llegada del temporero. (...) de igual modo están los temporeros permanentes y no permanentes. La figura del patrón sigue siendo la misma, inclusive creo que hoy hay más explotación. Por el pan, por el sueldo, por dar sustento a sus familias el campesino sigue viviendo abusos, sigue cerrando la boca y aguantando la vulneración de sus derechos.”

Tras la mal llamada reforma agraria, que no fue más que compra y venta de tierras, se ha vuelto a producir la reconcentración de la tierra. A pesar de algunos cambios que se han producido en la agricultura aún sigue pendiente una reforma agraria revolucionaria, una revolución agraria que beneficie a los millones de campesinos, principalmente pobres y campesinos mapuche pobres que aún hoy en día continúan debatiéndose contra la expropiación de sus tierras por parte del capital burocrático-terrateniente, revolución que sólo puede ser desarrollada mediante la guerra popular como guerra agraria.


Pugna entre el camino terrateniente y camino campesino. 

En Chile la gran propiedad se va a constituir en un largo proceso que va a tomar por lo menos varias décadas desde el comienzo de la conquista militar y la usurpación del suelo a la masa indígena durante la invasión española en América Latina.

Después de la conquista y usurpación el desarrollo del país fue muy lento. A partir de fines del siglo XVII la propiedad de la tierra va a ir adquiriendo mayor importancia económica. Hacia el siglo XVIII va a quedar establecido el latifundio (la hacienda) y se refuerza su propiedad mediante la fijación de mayorazgos.

Es en todo este periodo, hasta la segunda mitad del siglo XIX que las relaciones feudales de producción se mantienen intactas desde su establecimiento en los primeros siglos de la colonia. El proceso de independencia, como proceso emancipador de la dominación colonial española no impactó en las relaciones sociales sino que las mantuvo.

En la gran hacienda existirá un tipo de trabajador sometido a condiciones laborales serviles, además junto a la gran hacienda existirá un numerosísimo campesinado pobre, expoliado y esquilmado de mil formas por los hacendados.

Muestra del atraso del latifundio a fines del s. XIX es que dentro de la sociedad, la propiedad de la hacienda era más importante política y electoralmente que los beneficios comerciales que pudiese obtenerse de ella.

El régimen feudal en que vivía sujeto el país, no se había visto alterado por la existencia de un capital mercantil. Pero con el desarrollo de nuevas fuerzas productivas el país se convertirá en un país semi-feudal. Ya no será completamente feudal.

A partir de mediados del siglo XIX con la introducción de nuevas fuerzas productivas en algunas ciudades, puertos y centros mineros, las relaciones de producción feudales predominantes proseguirán y constituirán la base sobre las que se levantan las nuevas de carácter capitalista con las que coexistirán.

Hacia la década de 1870 el régimen feudal va a sufrir una importante crisis de la cual no se recuperará. Los grandes terratenientes han debido hacer evolucionar la semifeudalidad especialmente a partir de la década del 20 donde ya se comienza a hablar el gobierno fascista de Ibáñez de agronegocios.

Desde la década de 1920, con el crecimiento de la agitación campesina, los terratenientes han debido concurrir a la reestructuración del viejo Estado para poder ampliar la base de sustentación social de éste al mismo tiempo que eran desplazados por la gran burguesía del control del Estado.

El Estado, como dictadura conjunta de terratenientes y grandes burgueses ha sido sistemático en mantener extraeconómicamente la situación de los terratenientes. Esta situación se vuelve cada vez más insostenible bajo el empuje del movimiento campesino en la década de 1940, 1950 y 1960 del siglo XX.

El imperialismo yanqui y la gran burguesía en estas décadas presionan a los terratenientes pues las masas campesinas están haciendo peligrar el orden. Bajo el plan yanqui Alianza para el Progreso, se impulsan las primeras leyes agrarias para la compra y venta de tierra. Son los primeros esfuerzos de contener el peligro de una revolución comunista en América Latina, obstaculizando el camino campesino, imponiendo el camino terrateniente y la línea a desenvolver por parte del capitalismo burocrático en el agro.

Desde la década de 1920 ya se anunciaban estos problemas. En aquella década se llamaba a evolucionar la semifeudalidad. Sobre el poder de Estado que concentraban los terratenientes logran beneficios que buscan incrementar con actividades especulativas (bolsa de comercio). Los terratenientes venidos a menos concurrirán a participar del llamado "sistema de partidos políticos", entre ellos el Partido Radical (PR), el Partido Socialista (PS), la Falange Nacional (luego en 1957 Partido Demócrata Cristiano - DC), también en directorios de la gran burguesía, altos cargos en el viejo Estado.

Con el ascenso de la lucha de clases en los 1950, 1960 y 1970, el camino terrateniente se ve más amenazado por el camino campesino. Actuando para salvar al conjunto de las clases reaccionarias se le da un impulso a las leyes de compra y venta de la tierra.


Nacimiento de la mal llamada Reforma Agraria

El viejo Estado debe asumir la defensa del conjunto de los terratenientes y de las relaciones sociales predominantes. A esta tarea concurren la ley 15.020 de 1962 que crea la Corporación de Reforma Agraria (CORA) y el Instituto Nacional de Desarrollo Agropecuario (INDAP); la ley 16.640 y 16.625 de 1967, ambas para contener la lucha campesina.

Entre el gobierno de Frei Montalva y Allende la CORA se transforma en un gran terrateniente, desarrollando propiedad asociativa, jugando un papel clave en sofrenar la rebelión del campesinado pobre y su lucha por la tierra. De hecho, los pocos campesinos que tocaron tierras se vieron enfrentados a una serie de problemas que bien relata Silvia Sepúlveda, ex prisionera política y dirigenta campesina de Linares:

(...) “los fundos quedaban desmantelados, sin herramientas, máquinas ni animales. A los campesinos se les entregaba la tierra pelada y ellos tenían que luchar para que se les diera el resto.”

Con estas instituciones se reproducen las formas feudales de explotación y opresión, miles de campesinos continúan bajo servidumbre, sin que las tierras se les hayan dado en propiedad. Se hablaba de una "transición". Para ello se habían creado los Centros de Reforma Agraria (CERAS) y Centro de Producción Social (CEPROS).

Cabe mencionar que los años sesenta y setenta son uno de los periodos más complejos de analizar toda vez que se han cubierto con un grueso manto de mitos sobre la Reforma Agraria.

Los terratenientes mantuvieron sus mejores tierras y se amparaban en la legalidad burguesa-terrateniente, siendo un ejemplo de ello lo relatado por Francisco Muñóz, ex prisionero político y dirigente campesino oriundo de Talca: 

“Para defenderse de las expropiaciones (mejor dicho compra de tierras), algunos de los patrones dividieron sus tierras en varias partes y las repartieron entre sus familiares, con el fin de que sus fundos tuvieran menos de 80 hectáreas; también contrataban menos de 25 trabajadores agrícolas, así no se podía formar sindicatos ni tampoco expropiar sus fundos.”

Una vez consumado el golpe de la Junta Militar Fascista (JMF) se procedió a restituir predios y revocar otros.


Golpe de Estado dirigido por Pinochet y la política en el agro de la JMF

Con el golpe de Estado de 1973 se impuso momentáneamente el camino terrateniente. Sobre la base del genocidio, el movimiento campesino fue aplastado transitoriamente y ha sufrido un proceso lento de despellejamiento.

Gran parte de los predios entregados en propiedad por la JMF a algunos centenares de familias campesinas, a modo de mitigar el descontento de estas masas, ya a fines de 1980 y comienzo de los 90 habían sido reconcentrados. De los noventa hasta ahora el proceso de reconcentración de la tierra ha proseguido llegándose al nivel existente en la década de los 1950.

En el presente, sólo las cifras deI INE de 2019 en la Región del Maule, se calcula en cerca de 126.000 la población vinculada a actividades productivas rurales. De ellas cerca de 80.000 son campesinos pobres sin tierras o semiproletariado.

El camino terrateniente se manifiesta políticamente en el viejo Estado en el clientelismo, al cual se pliegan toda una serie de agentes, funcionarios, intermediarios, que oprimen y expolian al campesinado pobre principalmente y sostienen al viejo Estado. Al igual que en Perú respecto al gamonalismo en Chile "el factor central del fenómeno es la hegemonía de la gran propiedad semifeudal en la política y en el mecanismo del Estado contra el cual se debe atacar de raíz." En este sentido el clientelismo es la expresión de la semifeudalidad en la política, "sobre la cual se sostiene el régimen de servidumbre en el que actúan mandones y lacayos representantes del viejo Estado en los más recónditos pueblos del país aunque cambien de ropaje según el gobierno de turno; factor contra el cual se dirige la punta de lanza de la revolución democrática en cuanto guerra agraria." - PCP

La propuesta de "Chile potencia agroalimentaria y forestal" son los viejos sueños terratenientes y su camino. Para el pueblo nada nuevo tienen que ofrecer.

Se obligará a los pequeños productores a producir solo los alimentos que en cada región tengan "ventaja comparativa" en relación con el mercado mundial. El imperialismo asigna lo que le corresponde producir a cada semicolonia. Hablan de "Inclusión", pero esta participación es subordinada al plan imperialista y a la asignación de nuestro lugar en el mercado mundial, incorporación de pequeños y medianos productores a los "encadenamientos productivos" de las patronales agroindustriales. Se les "ofrecerán" créditos a los productores campesinos "para transformar a todos los productores agrarios en empresarios". “Se busca atar a los campesinos al proceso de la hipoteca y la usura, despojarlos de las tierras y que estas se apropien los banqueros, la gran burguesía y terratenientes, quieren amplio campo para que puedan invertir en el campo y desenvolver la agroindustria." - PCP

Este proceso no hace más que concentrar los derechos de agua de napas subterránea en manos de los terratenientes y la gran burguesía, los pozos de profundidad terminan secando los pozos de pequeños propietarios.

Estos y más ejemplos reafirman la necesidad de una verdadera revolución agraria y vencer las 3 montañas que oprimen nuestro país: El Imperialismo, la semifeudalidad y el capitalismo burocrático.




jueves, 21 de abril de 2022

¡CELEBRAR EL NATALICIO DEL GRAN LENIN!

22 de Abril - Natalicio del Gran Lenin

Lenin, nombre de Partido de Vladimir Ilich Ulianov, nace el 22 de abril de 1870 en Simbirsk, provincia de Rusia. Desde muy joven se dedicó a la aplicación del marxismo, lo que le trajo constantes persecuciones durante toda su vida.

Tomó firmemente la tarea de servir a la causa revolucionaria, dirigió el partido bolchevique y la revolución del pueblo ruso. Su fiel compromiso con el pueblo y la revolución se plasman en su desarrollo del marxismo hacia su segunda etapa: el leninismo.

Una tesis fundamental de Lenin es que nos encontramos en la última fase del capitalismo: el imperialismo, donde un puñado de monopolistas en pugna constante, se reparten el mundo entero y sus riquezas. Caracteriza al imperialismo como monopolista, parasitario y en descomposición. Este análisis lo hace con el único fin de combatirlo, para la construcción del socialismo. 

Fue fundador y jefe del Partido Comunista (Bolchevique), la vanguardia del proletariado ruso, dirigiéndolo por el camino correcto en constante lucha contra los mencheviques, defendiendo la necesidad de que el proletariado dirija la revolución y bregando porque no se desvíe hacia vías pacíficas ni legalistas.

En ardua lucha contra el trotskismo, que niega a los campesinos pobres como fuerza revolucionaria y acepta una convivencia armónica con el oportunismo, Lenin afirma que la alianza obrero-campesina es base para el triunfo la revolución, y que combatir al oportunismo es indesligable del combate al imperialismo.

Fiel a los principios, confiando plenamente en las masas y sin acobardarse, demuestra en la práctica el camino que debe seguir el pueblo, dirigiéndolo y llevándolo a la victoria de la Gran Revolución Socialista de Octubre en 1917, estableciendo la primera dictadura del proletariado.

Bajo este ejemplo se funda la Internacional Comunista, y cientos de Partidos Comunistas en el mundo entero, incluyendo el de Chile (fundado en 1922 por Recabarren).

Tal como dijo Stalin, Lenin nos señaló el camino que debemos seguir para llegar a la victoria definitiva del comunismo.

A 105 años de la revolución de octubre y encontrándonos en el período de crisis final del imperialismo, debemos inspirarnos y seguir el ejemplo del gran Lenin: estudiar y aplicar firmemente el marxismo, y combatir a toda costa el revisionismo, el oportunismo y a todos los reaccionarios.

“Lenin es grande, ante todo, porque, al crear la República de los Soviets, mostró con hechos a las masas oprimidas del mundo entero que la esperanza en la salvación no está perdida, que la dominación de los terratenientes y de los capitalistas no es eterna, que el reino del trabajo puede ser creado por los esfuerzos de los trabajadores mismos, que el reino del trabajo es preciso crearlo en la tierra, y no en el cielo. De esta manera, prendió en los corazones de los obreros y de los campesinos del mundo entero la esperanza de la liberación. Esto, precisamente, explica que el nombre de Lenin sea el nombre más querido por las masas trabajadoras y explotadas.” 

Discurso con motivo de la muerte de Lenin, J. Stalin. 


viernes, 15 de abril de 2022

SOBRE LA SITUACIÓN POLÍTICA EN CHILE

¡Proletarios de todos los países, uníos!



SOBRE LA SITUACIÓN POLÍTICA EN CHILE

“Finalmente, la llamada «legitimación» como un objetivo político de la guerra contrasubversiva, en su forma conocida como «guerra de baja intensidad», en tanto busca gobiernos salidos de elecciones como medio de «darles legitimidad» y «autoridad» reconocida por el pueblo; aparte, según dicen, de que «sirva a satisfacer las necesidades del pueblo». Así las elecciones son, pues, un instrumento de la guerra contrarrevolucionaria.” (“¡Elecciones No! ¡Guerra Popular Si!, I Elecciones cruciales para la reacción”. Presidente Gonzalo, PCP, 1990)


“Cada cual conoce ahora que dondequiera que exista una convulsión revolucionaria debe haber alguna necesidad social en el fondo, que las instituciones viciadas impiden sea satisfecha.” (Rev y Con en Alemania, Engels 1851)


Introducción

Siguiendo la hoja de ruta contrainsurgente impuesta por el Departamento de Estado yanqui a Chile allá por los ’80, un nuevo gobierno del oportunismo ha comenzado el 11 de marzo del 2022, un gobierno socialdemócrata en toda la línea (incluida la camarilla revisionista tellier-carmona). Un nuevo gobierno, si, pero un viejo y podrido Estado, un Estado que no es otra cosa que una dictadura conjunta de grandes burgueses y terratenientes al servicio del imperialismo yanqui principalmente. Este gobierno del oportunismo y la nutrida agenda electorera desplegada es una respuesta a la profunda crisis política y económica, a la crisis general más bien, que enfrenta la sociedad chilena, crisis que ayuda a explicar también el reajuste de este Estado que se intenta llevar adelante mediante una Convención Constitucional, esa fábrica de ilusiones que supura cretinismo parlamentario por todos sus poros.


Este nuevo gobierno y la convención se corresponden con la necesidad que tienen las clases reaccionarias lacayas del imperialismo de frenar, contener y desviar el ascenso revolucionario de las masas, sirviendo con esto a la estrategia de guerra de baja intensidad que los imperialistas aplican a la semicolonia chilena. Esta necesidad se traduce a su vez en tareas contrarrevolucionarias que vienen desarrollando en medio de contradicciones, pugnando o coludiéndose por demostrar quién puede servir mejor dichas tareas.


Contexto

Siguiendo la ola de protestas violentas y rebeliones que se desarrollaban a nivel mundial el 18 de octubre de 2019 explotó en el país una rebelión popular que se prolongó por varias semanas. El levantamiento de proporciones históricas sacudió telúricamente al país hasta sus cimientos. Su naturaleza principalmente espontánea no fue óbice para que se desarrollaran las fuerzas organizadas del pueblo, siendo la rebelión un importante impulso para estas.


Las profundas grietas abiertas por “el estallido social” mostraron la profunda crisis general en que se debate la sociedad chilena. Una costra de crecimiento económico ha sido resquebrajada por los golpes de la ira popular. Por otro lado, la revuelta mostró la fecundidad de la violencia de masas, de la violencia revolucionaria de masas, develando contundentemente la plena vigencia de la necesidad de la revolución, de una revolución de nueva democracia. El camino del pueblo es la revolución.


La rebelión aceleró el tiempo histórico (el viejo topo osó otra vez) y la aguda lucha de clases zamarreó a las clases reaccionarias y sus representantes de la profunda pereza en que se habían achanchado con el binominal y el nuevo trinominal; repentinamente, cuando al parecer ya nada había “prendido”, los partidos del orden, el oportunismo, el parlamento, los tribunales de justicia, las fuerzas armadas, etc., concurrieron en pleno a rescatar su carcomido y podrido Estado terrateniente-burocrático. Las tareas contrarrevolucionarias se pusieron a la orden del día y los militares corrieron a la primera línea desempolvando sus manuales de guerra contrasubversiva.


Desde fines de los 90 la economía del país manifiesta claros signos de hundimiento. Ligeras y transitorias recuperaciones no han revertido la tendencia. La concentración de capitales y de la propiedad en pocas manos como parte del proceso de acumulación de capital de grandes burgueses alcanza niveles que no se habían visto en la historia del país, acumulación que se lleva a cabo a costa de una mayor explotación y opresión de la clase obrera y de las masas trabajadoras de campo y ciudad, extremando aún más la desigualdad.


La sociedad chilena semicolonial y semifeudal, en la que se desarrolla un tipo particular de capitalismo burocrático se encuentra en una crisis profunda que se expresa de forma concentrada en la situación política de nuestro país, esto es una galopante deslegitimación del Estado terrateniente burocrático chileno y sus principales instituciones. Corrupción, colusión de precios, monopolismo, parasitismo, descomposición y un tipo de capitalismo agonizante, forma parte de la acumulación de capital que en el reverso implica la caída constante de la participación del salario en el PIB, mayor concentración de tierras en pocas manos en perjuicio de las masas trabajadoras del campo, el mayor déficit habitacional en 25 años, una inflación galopante que roba el pan de la mesa a los hijos del pueblo. Acumulación de capitales que expolia a amplios sectores de la pequeña burguesía y constriñe a la burguesía media, impidiendo en conjunto el desarrollo de una verdadera economía nacional.


Solo para ahondar. Publicaba un defensor del capitalismo burocrático una columna en febrero de este año: “Las políticas keynesianas de los últimos años (es decir, políticas fiscales y monetarias expansivas para financiar el gasto público deficitario y el aumento de la deuda) han llevado el déficit fiscal estructural al 11,5 %, la deuda pública al 34,9% del PIB y una inflación del 7%, además de un aumento de la pobreza y la indigencia. Los efectos de los bonos del gobierno se ven superados rápidamente por los costos de vida más altos, lo que se refleja en el crecimiento de los campamentos en Chile del 74 % desde 2019 (la cifra más alta desde 1996). En este contexto, el nuevo ministro de Hacienda hereda un escenario complejo.” Si a esto le agregamos que la concentración de la propiedad de la tierra en Chile es la tercera más alta en Latinoamérica, continente que a nivel mundial muestra los índices más altos de concentración,


Todo este conjunto de elementos antes descrito, además de otros, conforman un acumulado histórico de alta explosividad en las masas que desembocó en octubre del 2019 en una rebelión popular como pocas veces se habían constatado en la historia del país. Confirmando que países como el nuestro viven una situación revolucionaria en desarrollo desigual. Los de arriba no pueden gobernar como lo han hecho hasta ahora y los de abajo no toleran seguir siendo gobernados como se ha echo hasta ahora. Es así como estamos en presencia de las mejores condiciones para el desarrollo de la situación revolucionaria y que probablemente desemboque en una nueva revuelta popular. Donde hay opresión hay rebelión sostiene el Presidente Mao.


Ante esta demostración de un excelente estado de salud revolucionaria de las masas populares, las clases reaccionarias junto a sus acólitos y lacayos de siempre, corrieron en tropel para firmar un “Acuerdo por la paz y la democracia” el 15 de noviembre de 2019.


Un nuevo pacto social y de gobernabilidad: el camino burocrático

En respuesta a la aguda situación descrita más arriba el nuevo presidente de Chile Gabriel Boric como todo demagogo hizo grandes promesas y ofrecimientos en su campaña electoral. Muchas de estas promesas ya han sido encarpetadas y archivadas para una próxima campaña. Hoy las razones de Estado, del viejo Estado terrateniente-burocrático, demandan moderación, respetar “las reglas del juego democrático” y aislar a los exaltados de siempre y continuar encarcelándolos. Hablan de restablecer el estado de derecho es decir defender con dientes y uñas la dictadura conjunta de grandes terratenientes y grandes burgueses.


Por otro lado, la promesa de ponerle fin al “neoliberalismo”, los anuncios de reformas y cambios profundos además de una nueva constitución son los remedos de medidas que el gobierno de Boric y la Convención intentan ofrecerle al pueblo para calmar su ira. ¿Qué piden a cambio?, olvidar la lucha de clases, piden conciliación y capitulación, paz social (la paz de las cárceles y cementerios) y el fin de la violencia revolucionaria. Prometen además que las “transformaciones” se podrán realizar de forma gradual por una vía institucional recuperando por este camino su anhelada “cohesión social” y la gobernabilidad del país (es decir un pueblo sometido). Sostiene Boric en una entrevista dada a comienzos de marzo de este año que “el contrato social ha sido roto. Y desde mi punto de vista por la élites. Y, por lo tanto, para poder recuperar el orden, se requieren nuevas formas y no repetir lo mismo del pasado.” Luego añadió: “la promesa de igualdad y de inclusión no ha sido cumplida, y por lo tanto, ese pacto social está roto y necesitamos construir uno nuevo.” La vieja promesa de la CEPAL de crecimiento con equidad o igualdade propagandizada por los anteriores gobiernos concertacionistas, se constata como un nuevo fracaso para el país. Boric en su afán por aplastar la rebelión del pueblo proclama la falaz idea de una “sociedad colaborativa”, para lo cual se requerirán “reformas estructurales”. Es decir, reimpulsar el capitalismo burocrático y reestructurar el viejo Estado.


No cabe duda que los ideólogos de alguna de las fracciones y grupos de la gran burguesía (representados hoy por el gobierno de Boric), o incluso ideólogos pequeño burgueses se debatirán en sendos tratados teóricos para cuadrar este régimen con una suerte de primer paso en una larguísima y eterna senda de pseudos cambios revolucionarios. Escribirán cientos de mamotretos para enmascarar o bien justificar su verdadera naturaleza de clases, y la propia naturaleza de clases del Estado chileno. Sus inútiles esfuerzos pretenden negar la lucha de clases y reemplazarla por “la conciliación de clases”: ricos y pobres pueden coexistir en armonía, pero para que esto funcione hay que modificar ciertas reglas del juego político, modificar las cosas para que todo quede igual y así sueñan con establecer un “nuevo pacto social” y alcanzar la llamada “cohesión social”. Todo esto es necesario para ellos en el presente para relegitimar el viejo y podrido régimen de dominación. No pueden ocultar su temor cerval a las masas.


Con la segunda vuelta en las elecciones presidenciales presentaron una farsa de polarización: Kast es el candidato del fascismo y Boric representaría un amplio espectro político antifascista. Por otro lado afirmaban que Kast no brindaría gobernabilidad, que solo Boric podría desde el gobierno encausar institucionalmente la explosividad de las masas populares a fin de evitar una nueva rebelión y desborde como se vivió en octubre del 2019.


Las elecciones son un instrumento para engañar al pueblo, para que este decida quien lo va a expoliar y oprimir cada cuatro años en una pútrida alternancia de gobiernos. Las elecciones son un instrumento de dominación que el imperialismo y toda la reacción utilizan para “normalizar” o legalizar los regímenes militares o los gobiernos surgidos de golpes de Estado, pero jamás han sido y nunca serán un instrumento para liberar al pueblo, menos para desarrollar la revolución. Las elecciones son un instrumento contrarrevolucionario más utilizado por la dictadura conjunta de grandes burgueses y terratenientes al servicio del imperialismo, yanqui principalmente y de toda la reacción.


Recapitulando, las distintas facciones de la gran burguesía y sus representantes, hablan de gobernanza y de gobernabilidad, de como se puede garantizar la paz social y generar cohesión en la vieja sociedad en la perspectiva de levantar un “nuevo contrato social” sin alterar las viejas relaciones sociales de explotación. Todo esto es el camino burocrático, cuyos protagonistas se coluden y pugnan para poder servir mejor las tareas contrarrevolucionarias, cuyo centro es cómo defender y mantener el viejo y podrido Estado, sobre todo esto expondremos más adelante en este mismo documento.


La naturaleza de clases del Estado chileno, las FFAA y el oportunismo

Es cierto, se espera mucho del sufragio universal, pero este no puede ofrecer más que un índice para medir hasta cierto punto el descontento de las masas respecto a demandas del pueblo con las cuales los electoreros trafican, pero las elecciones jamás podrán cambiar la naturaleza de clases del Estado chileno, en tanto dictadura conjunta de terratenientes y grandes burgueses. Lenin sentenciaba que “salvo el poder todo es ilusión”.


En días como hoy en que se apela al “bien común”, a la “felicidad” y a que “será hermoso”, es más importante y fundamental que nunca acudir a los clásicos para aclarar cuestiones fundamentales como lo son las relacionadas con la doctrina acerca del Estado. Precisamente hoy, cuando no son pocos los analistas políticos que reconocen que la de Boric y Apruebo Dignidad es la mayor victoria electoral y política de la “izquierda” en la historia del país (inclusive superior a la de Allende), a la que habría que agregar el Plebiscito y la Convención Constitucional.


Marx concluyó que: “Los orígenes de los Estados se pierden en un mito, en el que hay que creer, pero que no se puede discutir.” (Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850. Carlos Marx).


Luego Lenin advirtió que“el problema del Estado es uno de los más complicados y difíciles, tal vez aquel en el que más confusión sembraron los eruditos, escritores y filósofos burgueses”. (Sobre el Estado, Lenin, 1919).


El Estado es la violencia organizada, la violencia organizada de una clase sobre otra, decían los clásicos del marxismo y esto no ha cambiado ni un milímetro.


Sin embargo, desde hace mucho en nuestro país, unos y otros, en el gobierno o la oposición (principalmente los electoreros), pretenden hacer creer al pueblo que el Estado es una arena o un campo de juego donde se disputa el poder político entre todos los contendientes a través de las elecciones (no obstante todos sabemos que si las cosas se ponen ingobernables estas se resuelven de forma expedita mediante golpes militares). El éxito como el fracaso en esta contienda se mide por los votos, con la mayoría electoral y ganando el ejecutivo el oportunismo ha prometido que estará dando el primer paso para ejecutar “cambios estructurales”, y poner fin con ello, a lo que denominan “neoliberalismo” (que de nuevo no tiene nada). Y así mediante el aumento constante del electorado hasta alcanzar una y otra vez mayorías electorales, entonces, mediante esta acumulación parsimoniosa de fuerzas y con un “presidencialismo atenuado” como le llama el revisionismo, se llegará a una nueva sociedad. Indudablemente, la propuesta de “presidencialismo atenuado” de los revisionistas en la Convención es un eufemismo, pues, para hacer frente a la aguda lucha de clases actual necesitarán de una creciente centralización del poder político y tampoco cabe dudas de que el gran sostén para este gobierno oportunista tendrá que ser necesariamente las Fuerzas Armadas y de Orden, columna vertebral del viejo Estado.


El oportunismo (Frente Amplio, PS, y otros), el revisionismo, es decir Boric, Tellier y cía. (forma específica de oportunismo que trafica con el marxismo-leninismo), con matices, ellos pretenden hacernos creer que es posible conciliar intereses mediante una nueva correlación de fuerzas electorales. E incluso pueden ir más lejos y reconocer, cuando les conviene pues la ambigüedad es su medio, que la sociedad está dividida en clases, y que el Estado es un campo de lucha susceptible de ser conquistado para beneficio del pueblo. Esta es la ilusión que intentan esparcir. Para reafirmarse en esta idea enarbolan la Convención Constitucional y la lucha en los dos primeros años del gobierno de Boric se centrará en la aprobación del nuevo texto constitucional en el llamado plebiscito de salida, esto por una parte. Pero por otra, lo principal será contener el descontento popular y la legítima violencia armada de las masas mapuche creando un colchón para amortiguar la lucha de clases y darle sobrevida al viejo Estado. Dos años que quieren ganar llamando a cuidar las “victorias” alcanzadas.


Es por eso ello que hay que ser muy enfático al señalar que el Estado chileno, al igual que cualquier Estado, es el producto y la manifestación del carácter irreconciliable de las contradicciones de clase. Es la violencia organizada que ejercen unas clases sobre otras. No es posible en las actuales condiciones la conciliación de las clases. El Estado chileno, representa los intereses de la gran burguesía y los grandes terratenientes al servicio del imperialismo yanqui principalmente.


Es por ello también que hay que denunciar persistentemente que la ilusión con la que trafican el oportunismo y del revisionismo es que tras sucesivos gobiernos “progresistas” se cambiará la naturaleza de clases del viejo Estado. Incluso el revisionismo embauca a sus bases con una “política militar”, con sus “adquisiciones” del pasado y que en un futuro incierto tras una prolongada acumulación de fuerzas parsimoniosa (es decir, hundidos en el fango del cretinismo parlamentario) llegará repentinamente la insurrección y triunfarán. Esta es la estrategia socialcorporativista que probablemente no podrá ni siquiera desarrollar capital monopolista estatal, como anhelan los revisionistas. Será a su vez, la justificación para exigir que el movimiento popular no le haga “olitas” a los gobiernos del oportunismo y de ser necesario (como seguramente lo será) reprimir los “excesos” del pueblo, e intentar aplastar el desarrollo de la protesta violenta de las masas.


En este sentido, algo que no cambia un milímetro es la tutela que ejerce en último término las FFAA sobre el resto de la burocracia del Estado terrateniente-burocrático. Siendo la columna vertebral del viejo y podrido Estado, las FFAA ejercen hoy en las sombras un fuerte control, constituyéndose en perspectiva el verdadero gobierno de salvación de las clases reaccionarias cuando estas vean amenazados sus intereses por parte de la combativa lucha del pueblo. Desde este punto de vista, las FFAA son el pilar sobre el cual descansan los intereses de los grandes burgueses y terratenientes, intereses al servicio del imperialismo, yanqui principalmente. Esta labor de pilar de la dictadura conjunta de las clases dominantes, no es opuesta a su conducta corporativa o más bien de grupo cerrado y autorreferente, cuestión útil al fin y al cabo para cumplir con su papel de mastines del gran capital y del latifundio, como es posible comprobar al consultar las páginas sangrientas de su oprobiosa historia.


Las fuerzas armadas tarde o temprano fraguarán un golpe de Estado, ya sea bajo una mascarada civil o una militar, tanto en el sentido de sus intereses corporativo así como en el terreno de la defensa de los intereses del imperialismo y sus lacayos. En el sentido corporativo porque no quieren ver afectados sus intereses gremiales (si es que se puede decir de este modo),. Les preocupa que futuros gobiernos de “izquierda”, afecten su estabilidad financiera, o su estatus, o que sean creadas otros tipos de guardias que les puedan hacer contrapeso. Sobre esto último algunos adalides del orden en el contexto del debate constitucional sobre Defensa están pronunciándose.


En cuanto a la defensa de los intereses del imperialismo yanqui principalmente y sus lacayos, las fuerzas armadas chilenas han demostrado con creces su defensa cerrada a estos intereses. Sus mandos militares han sido formados en las escuelas militares yanquis. Incluso hombres como Luksic (“hombre poderoso”, miembro destacado de la gran burguesía) ha financiado estudios de postgrado de oficiales chilenos en EEUU, es más, él mismo ha participado de instrucción militar dictada por el ejército convirtiéndose en oficial de reserva del mismo.


Reiteramos a riesgo de ser majaderos: el Estado chileno no es un órgano para la conciliación de clases, es una dictadura conjunta de grandes burgueses y grandes terratenientes al servicio del imperialismo y contra las clases revolucionarias, contra el pueblo y sus legítimas organizaciones y luchas. El pueblo solo podrá conquistar plenamente el poder político demoliendo este viejo Estado y su columna vertebral mediante la guerra popular.


Fascismo y corporativismo

No hay duda que hoy Boric es útil para contener la revolución. Ha surgido gracias a la demoliberalidad y ha que también ha sabido cabalgar sobre las luchas estudiantiles y populares, además de estar en los momentos justos que se requería su presencia como en la firma del Acuerdo por la Paz el 2019. Pero los problemas fundamentales que enfrenta deberá resolverlos a la cabeza de la contrarrevolución ya sea con una mayor reaccionarización de la democracia burguesa o bien con formas fascistas, lo cierto es que presenta y presentaba posiciones fascistas: como “Autónomo” iba contra los partidos políticos, el parlamento y el orden demoliberal, luego los utiliza para trepar, y hoy con falsa humildad se presenta como el “conductor” del “proceso”. Es importante aclarar que el fascismo es la negación de las libertades burguesas, no es solamente el terror de la gran burguesía y latifundistas, o las posturas estereotipadas de camisas pardas antes del fin de la II Guerra Mundial imperialista. Por supuesto tampoco la caricatura de Kast, con todo lo reaccionario que es.


Es bueno insistir en que las formas demoburguesas y los idearios demoliberales llegado determinado momento de agudización de la lucha de clases son insuficientes para contener la revolución, por eso la necesidad del fascismo. Es por ello que otro aspecto clave es el de la corporativización. Los llamados “movimiento sociales” (en sus diferentes expresiones) que integran o están a la cola del actual gobierno y la Convención, necesitan ser corporativizados para así ganar tiempo y lograr aprobar el plebiscito de salida, con esto buscan aherrojar a las masas bajo un mando vertical, todo esto lo disfrazan de “participación plena” o “democracia directa”, obsurdos imposibles, pues una verdadera democracia popular no surgirá mientras no sea demolido el viejo Estado. Pero corren contra el reloj. A pesar de la propaganda del nuevo gobierno y sus seguidores la lucha de masas, la protesta popular continuará desarrollándose pues las condiciones de vida de las masas se agravan como consecuencia del propio sistema que vive en una crisis general y que ya comienza a mostrar claros síntomas de hundimiento. Indudablemente, nada caerá sin que se le golpeé.


La reestructuración del viejo Estado parte de la cual se lleva a cabo en la Convención Constitucional pretende conformarse en el único canal legítimo del “estallido”, esto es corporativización, aunque está lejos de ser concluida. Cabalgan sobre las masas, tal como lo viene haciendo el gobierno de Boric, solo que esta vez el movimiento estudiantil ha retomado el camino de la lucha muy a pesar de las declaraciones de un puñado de corporativizados dirigencillos en La Moneda.


Junto con la Convención a este gobierno se le presentará la disyuntiva histórica de montar una estructura corporativa (cuestión no concluida por Ibáñez en los 20, por Grove y Dávila en los 30 y por Allende y Pinochet en los 70 y 80 del siglo XX) con el falso pretexto de combatir a los grupos económicos (“derecha económica”), a los más ricos y privilegiados. Es un reordenamiento social corporativo bajo una política fascista, pero conservando aún apariencias demoliberales.


Concluimos esta parte con una contundente cita del Presidente Gonzalo: “Cuestionamiento del parlamento es una posición básica del fascismo que apunta contra estructura estatal demoburguesa tradicional, sustentada en la negación de los principios, libertades y derechos establecidos en el siglo XVIII, que postula la organización corporativa y potencia al máximo la violencia reaccionaria, todo en función de la más desenfrenada dictadura de clase de la burguesía…” “Históricamente, el fascismo se ha desarrollado más en momentos críticos para el viejo Estado, principalmente cuando la revolución amenaza derrumbar el caduco orden dominante pero el fascismo posterior a la II Guerra Mundial no puede, hasta hoy, desenvolverse abiertamente como tal, ni menos cuajar la corporativización, pese a sus múltiples intentos y ‘teorizaciones’: ‘corporativismo democrático’, ‘democracia de participación plena’, ‘democracia social’, etc.” (1991)


Las tres tareas contrarrevolucionarias

Tres son las tareas contrarrevolucionarias más importantes que los distintos sectores de la reacción, en medio de colusión y pugna, han venido aplicando hace años: Reimpulsar el capitalismo burocrático, reestructurar el Estado y conjurar la revolución. Estas tareas se aplican al servicio del imperialismo yanqui principalmente. Son tres tareas insoslayablemente unidas.


1. Reimpulsar el capitalismo burocrático

El 2021, el Banco Mundial publicó un informe sobre Chile (“Piezas para el desarrollo. Notas de política para Chile”), en el se sienta lo siguiente: “El bajo crecimiento de la productividad, alimentado por una falta de avances continuos en reformas estructurales y el fin del boom de los commodities, llevó a una desaceleración del crecimiento que promedió solo 2% en los seis años anteriores a la pandemia del COVID-19.” Luego agrega: “El progreso en equidad también quedó estancado, afectando no solo el crecimiento de la productividad sino también la cohesión social.” “Esto dejó a una gran parte de la sociedad desconectada del desarrollo y explican algunas demandas del estallido social de 2019.”


Este órgano mandatado por el imperialismo yanqui evidencia las necesidades que tiene EEUU para que sus semicolonias aporten con más capitales para sortear la crisis en que se encuentra. Las “reformas estructurales” apuntan en el mismo sentido de este gobierno, que cuenta con más legitimidad que el de Piñera. El problema de la productividad tiene que ver con como explotar más al proletariado y al pueblo. Todo esto demanda para el Banco Mundial mantener los equilibrios macroeconómicos, estimular el crecimiento y la productividad.


Por otro lado, la autonomía del banco central se buscará dejar inalterada. FA, PS, INN se alinearon para eso. El banco central desde 1925 ha sido una herramienta que de forma creciente ha servido para profundizar nuestra condición semicolonial.


Boric, Tellier, Vallejo y cía., PS y FA, oportunistas y revisionistas se federan para restituir un grupo de la fracción burocrática de la gran burguesía. Ellos mismos, arribistas, caminan a convertirse en fracción burocrática de la gran burguesía, lo que algunos historiadores pequeñoburgueses llaman “empresariado de Estado”. Defienden los intereses del capital monopolista estatal (no es capitalismo de Estado). Estos mismos intereses se expresan en sectores de la Convención que postulan la nacionalización de la minería u otros recursos. Esto no eliminará el capitalismo burocrático, si no más bien intentará reimpulsarlo y sacarlo de la profunda crisis general en que se encuentra como lo constata el propio Banco Mundial. Esta burguesía burocrática busca recuperar el terreno económico ante el cual retrocedió en 1973. Engels ya se refirió en el siglo XIX que la nacionalización de empresas de capitales particulares no es socialismo. Capital monopolista sea estatal o particular no pierde su naturaleza de clase, y es una relación social de explotación sobre las clases revolucionarias, sobre el pueblo.


Sobre esto mismo el Presidente Gonzalo señalaba “…no basta que un régimen ataque a la oligarquía o plantee reivindicar las riquezas naturales o hable de entregar la tierra a quien la trabaja para que se le tenga por revolucionario; puede tratarse, como cuando Leguía hoy día, de una renovación de burguesía intermediaria y desarrollo del capitalismo burocrático.” (PG, La problemática nacional, 1974)


2. Reestructuración del Estado

Se reestructura el Estado chileno para amortiguar los choques entre las clases. El problema central para las clases reaccionarias decíamos más arriba es cómo defender y mantener el viejo Estado. El Estado chileno, este poder situado aparentemente, por encima de la sociedad y llamado a amortiguar el conflicto y a mantenerlo dentro de los límites del ‘orden’, necesita urgentemente ser reajustado, una reestructuración, a fin de que las clases en pugna en la vieja sociedad no se devoren a sí mismas.


Ahí donde el Estado estructurado de acuerdo a la situación particular de la lucha de clases en un momento dado se debilita o algunas de sus funciones se descompone, surge el riesgo de que los antagonismos desborden los causes construidos políticamente para contenerlos. Ese es el momento que se impone la reestructuración del Estado.


El gobierno de Boric ha venido haciendo anuncios de toda especie, pero todos tienen como tarea principal pacificar el país. Buscarán aplicar un conjunto de medidas para sofocar la lucha de clases, corromper a los sectores más combativos de las masas con falsas promesas de cambio o someterlos con cárcel, represión y muerte. La futura ministra del interior ha venido haciendo un persistente llamado a pacificar el centro de la capital. Busca crear opinión pública para golpear más fuerte la protesta popular y deslegitimarla, sirviendo los planes contrarrevolucionarios. El gerente de este podrido y viejo Estado, Gabriel Boric Font, impostando su nuevo tono de voz despota, advierte que se tiene que respetar el estado de derecho en la IX y VIII región. El gabinete escogido está a la medida del imperialismo yanqui. El ministro de hacienda es un archiprobado vasallo norteamericano.


Afirman que la Convención Constitucional es la continuación del “estallido social”. No pocos convencionales a cada momento en los medios de comunicación enrostran su participación en el “estallido”, y que la lucha y disputas políticas en la Convención es la heredera de la lucha callejera violenta de las masas el 2019.


Existen claras tareas contrarrevolucionarias que debe cumplir Boric como buen siervo del imperialismo y de las distintas fracciones de la gran burguesía. En secreto, como expresión de su estilo sibilino ha llegado a acuerdos con el imperialismo yanqui, tomando partido por ellos en la guerra de agresión del imperialismo ruso sobre el pueblo ucraniano.


Los revisionistas de la camarilla Tellier/Carmona/Vallejo han participado antes en los gerenciamientos concertacionistas, tienen larga experiencia de traficar con los intereses del pueblo. En la tarea contrarrevolucionaria de reajustar el Estado, como empedernidos oportunistas, buscan no solo “rodear” la Convención con las movilizaciones, si no más bien corporativizar el movimiento de masas.


La pretendida profundización de la democracia, la participación del “movimiento social” en el nuevo gerenciamiento forma parte de los reajustes para corporativizar a las masas. Es una tarea contrarrevolucionaria esta reestructuración del Estado, pues necesitan contener, desviar o “institucionalizar” la lucha de clases, la corporativización es una viejo sueño de un sector de la gran burguesía y sus representantes, es una forma de golpear la creciente protesta popular en campo y ciudad, en especial la lucha armada del campesinado pobre mapuche. Pero esta falsa democratización no tiene nada que ver con la verdadera solución a los problemas fundamentales de nuestro país, como lo es el problema de la tierra, la semifeudalidad, el dominio imperialista y el capitalismo burocrático, problemas que solo serán resueltos con una revolución de nueva democracia mediante la guerra popular.


3. Conjurar la revolución

Boric sostuvo respecto a la lucha mapuche que “es un tema en el cual tenemos que hacernos cargo, de un conflicto entre el Estado chileno y el pueblo nación mapuche” añadió además “nosotros hemos decidido un camino, que es el camino del diálogo, y ese diálogo le va a molestar a quienes creen que a partir de la violencia o del enfrentamiento se pueden conseguir cosas”. Dijo que “es un conflicto histórico y político” no solo de orden público. Recientemente el subsecretario del interior Manuel Monsalve (Partido “Socialista”) se refirió a la lucha mapuche e indicó que el mandato de Boric es “recuperar el diálogo, recuperar la presencia la presencia del Estado, y asumir que aquí tenemos un conflicto político de alta complejidad” agregando que “creemos que es muy coherente lo que está ocurriendo en la Convención Constitucional, donde se está escribiendo que nuestro país sea plurinacional, se están escribiendo derechos políticos de los pueblos originarios”. En otra intervención sostuvo que “no queremos imponer, pero creo que también hemos sido claros”… “vamos a utilizar la herramienta del diálogo, no somos partidarios, ni compartimos las imposiciones, no compartimos las amenazas y no compartimos la violencia”. Días después, luego de analizar hechos de violencia rural y declaraciones de organizaciones de resistencia mapuche juntó a un “Comité Policial” (reunión con el General Director de Carabineros, con el Director Nacional de Orden y Seguridad, con el Director de Inteligencia, y de la PDI el Subdirector de Inteligencia, Crimen Organizado y Seguridad Migratoria y el subdirectos de Investigación Policial y Criminalísticas) Monsalve remató diciendo: “vamos a conversar y a dialogar con todos aquellos que estén disponibles a alcanzar la paz y la tranquilidad que merece todo el territorio nacional”, “bajo amenaza y bajo hechos de violencia no hay posibilidades ni de diálogo ni de acuerdo con el Gobierno” “quienes toman los caminos de violencia, decirles que hay otro camino, que a nosotros nos parece que el camino del diálogo es el camino que permite enfrentar el problema estructural que hay en la Región de La Araucanía y en el sur de Chile” además de anunciar que combatirán la pobreza y la desigualdad territorial, es decir, una estrategia contrainsurgente para tratar de ganar almas y corazones cabalgando sobre las necesidades de las masas del campesinado pobre mapuche, para seguir de forma escalonada las medidas represivas y aunque anuncia no prorrogar el Estado de Excepción la militarización de la zona es una cuestión que se denuncia hace años.


“La guerra de baja intensidad plantea: ligar lo militar a lo político; ligar acción militar a reformas sociales y económicas; desenvolver la acción militar complementada por inteligencia, operaciones psicológicas, acción cívica y control de la población y de los recursos; y legitimación, lo cual demanda respeto a los derechos humanos.” Siendo el respeto a los DDHH una mera declaración de buenas intenciones.


Las medidas que se han venido adoptando contra la justa y correcta lucha armada del pueblo mapuche, son las que adoptarán tan pronto la lucha se desarrolle en el resto del país, tanto en campo como en ciudad.


Cuando se plantea conjurar la revolución, es conjurar los riesgos de la revolución, es conjurar que esta se eleve a una forma más alta de lucha, es decir que se desenvuelva mediante la guerra popular, es la continuación de la lucha de clases pero por medios bélicos. Sin embargo no puede haber guerra popular ni victoria de esta, sin auténtico Partido Comunista, sin Ejército guerrillero popular, sin frente revolucionario, tres instrumentos fundamentales para llevar la victoria hasta el fin. Hoy los comunistas de Chile, los marxistas-leninistas-maoístas necesitan reconstituir el Partido que fundara Recabarren hace 100 años. Solo con un estado mayor reconstituido el proletariado y el pueblo podrán triunfar. Es por ello que conjurar la revolución además de “pacificar” el país, exige a las clases reaccionarias conjurar la reconstitución del Partido Comunista, como partido marxista-leninista-maoísta militarizado. En perspectiva las tareas contrarrevolucionaria apuntan a que no se integre la revolución chilena con la ideología científica del proletariado, el marxismo-leninismo-maoísmo, principalmente maoísmo y los aportes de validez universal del Presidente Gonzalo. Pero es inevitable que el movimiento de las masas hondas y profundas, que la protesta popular violenta se desarrolle en la dirección de fundirse con el movimiento comunista que impulsa la reconstitución. Tácticamente es un problema de tiempo más tiempo menos, pero estratégicamente constituye una necesidad histórica y política.


Por ello el viejo Estado, a través de su nuevo gobierno, se apoya y se apoyará aún más en la “guerra de baja intensidad”, en conquistar almas y corazones, en declarar el supuesto fracaso del socialismo y la caducidad del marxismo, o traficar con un pseudomarxismo para continuar la explotación y opresión del pueblo, es decir, podrido revisionismo como el de la camarilla tellier-carmona.


Tratan de hacer pasar como “revolución” un nuevo gobierno y la Convención Constitucional (puras ilusiones), para de esta forma conjurar la inevitable verdadera revolución democrático-nacional que el pueblo necesita y demanda. Es por ello que la reestructuración del viejo Estado, sin poder eliminar o barrer con una nueva constitución o un nuevo gobierno el carácter de dictadura conjunta de grandes terratenientes y grandes burgueses, al servicio del imperialismo, tendrá que desenvolverse tarde o temprano bajo una democracia burguesa más reaccionarizada o bien bajo un régimen fascista que lleve adelante la corporativización del movimiento popular. Boric se debate entre estas dos salidas reaccionarias y desde ya su gobierno evidencia posiciones fascistas y corporativistas que van tomando cuerpo en el texto de la nueva constitución.


El camino del pueblo: revolución democrática

No han logrado pacificar a las masas con falsas promesas de reformas cuyos costos sabemos finalmente recaerán brutalmente sobre la clase y el pueblo. En todo el país la protesta popular evidencia hace más de una década un ascenso sostenido de sus expresiones más violentas. Dentro de esta tendencia histórica y política se presentan flujos y reflujos, siendo un punto alto en la marea la rebelión de octubre del 2019. Este levantamiento revolucionario de masas tuvo en las banderas mapuche un símbolo de la rebelión. Esta identidad tiene que ver con la violencia revolucionaria que vienen desplegando las masas de campesinos pobres mapuche, una rebelión armada que se desarrolla principalmente contra la gran propiedad terrateniente (entre ellas los latifundios forestales).


El motín es embrión de la conciencia política, la explosión del 18 de octubre, su carácter fundamentalmente violento, encierra cuestiones claves acerca de la violencia revolucionaria de masas. La continuación de la rebelión de octubre, en perspectiva estratégica y militar, es la insurrección armada en las principales ciudades como parte integral de la guerra popular, en donde campo es principal y ciudad complemento. La lucha armada del campesinado pobre mapuche (principalmente de este) antecedió al levantamiento de 2019, y fue precisamente un símbolo de la rebelión. La rebelión de octubre forma parte en síntesis de la lucha de clases por la conquista del poder por la clase y el pueblo. Sin estado mayor revolucionario, sin un Partido Comunista militarizado esto no se logrará jamás.


Ya lo decía Recabarren, nada podemos esperar del parlamento, nada podemos esperar de las elecciones, nada podemos esperar de los tribunales de justicia y mucho menos de los gobiernos (civiles o militares) generados bajo la vieja sociedad. El proletariado y el pueblo nada pueden esperar de sus opresores solo cadenas. Hoy, las elecciones, las instituciones demorepresentativas sirven para hermosear al viejo y podrido Estado terrateniente-burocrático. En cambio, el proletariado se tiene así mismo para emanciparse, y al lograrlo emancipará al conjunto de la humanidad. Pero necesita de su Estado Mayor, su Partido, Partido Comunista militarizado, partido sustentado en el marxismo-leninismo-maoísmo, principalmente maoísmo.


Las expectativas y la avalancha de ilusiones que provocan la demagogia electorera tarde o temprano terminarán aplastando al propio oportunismo dejando firmemente en pie la esperanza del pueblo en un mañana sin ricos ni pobres, sin explotados ni explotadores, grandes avances que solo podrán darse de la mano de la guerra popular, único camino posible para llevar la victoria de la revolución de nueva democracia hasta el fin, avanzar de forma ininterrumpida al socialismo y mediante revoluciones culturales al dorado comunismo.


Existe en el país una realidad poderosa, esa realidad es la masa, con una grandiosa historia, ignorada, pero cada vez que se pone en pie la tierra tiembla, la reacción cacarea aterrada, solo con sangre han aplacado su furia, y los lacayos oportunistas buscan desviar y entorpecer la marcha de las masas. Masas campesinas, masas obreras. De forma creciente más sectores de masas van comprendiendo la necesidad de la violencia, de su organización y elevación hacia más altas formas de desplegarla. Esto va en perfecta armonía con que la revolución es tendencia histórica y política en el país y en el mundo. Son tiempos de guerra.


Decíamos que ha sido un tema clave para la corporativización la “participación” y los “movimientos sociales” en la situación política actual. Pero la protesta popular no se detendrá, a pesar de que el Gobierno oportunista bregará por desviar, apaciguar y contenerla. Nuestra tarea es unirnos a lo hondo y profundo de las masas básicas, a las masas pobres para movilizarlas y desarrollar la protesta popular.


El camino del pueblo es luchar contra esta corporativización defender sus conquistas y alcanzar otras. Avanzando hacia el inicio de la guerra popular, única forma de destruir sus principales enemigos y alcanzar la victoria de la revolución democrática.


Una auténtica revolución demanda la demolición del viejo Estado, la confiscación de la gran propiedad de grandes burgueses y grandes terratenientes, la expulsión del imperialismo y la confiscación de sus bienes, cuestiones básicas para avanzar en la aplicación del programa de nueva democracia. Para ello deben estar muy claros los blancos de la revolución: el imperialismo principalmente yanqui, la semifeudalidad y el capitalismo burocrático.


Abril de 2022